Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar

Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar

Diego Tomasi

Language:

Pages: 178

ISBN: 9507317686

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub

Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires por Cortázar

Diego Tomasi

Language:

Pages: 178

ISBN: 9507317686

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Overview

Este libro es la crónica de la relación entre un escritor y una ciudad. Es también un viaje por el tiempo, ese tiempo que nadie percibió ni describió como Julio Cortázar. El vínculo de Cortázar con Buenos Aires es central en la constitución de su personalidad, de su literatura, de su mirada del mundo, afirma Diego Tomasi. Cortázar por Buenos Aires busca al escritor en la ciudad y camina de su mano.

Buenos Aires por Cortázar busca a la ciudad en sus libros y en sus palabras. ¿Cuántos días estuvo Cortázar en Buenos Aires? ¿Qué hizo durante esos días? ¿Con quiénes se reunió? ¿Qué lugares recorrió? ¿Qué significado tuvo Buenos Aires en su literatura? A cien años de su nacimiento y treinta de su muerte, Cortázar está vivo en su obra, en sus cartas y en el recuerdo de quienes lo conocieron.

Sus recorridos por Buenos Aires han dejado huellas. Con certera sutileza, Diego Tomasi rastrea esas huellas en una investigación fascinante, que revela aspectos nuevos, a menudo desconocidos, de la vida y la obra del inolvidable escritor argentino.

Goal Dust: The Warm and Candid Memoirs of a Pioneer Black Athlete and Actor

Scar Tissue

No Place Safe: A Family Memoir

Lone Survivor: The Eyewitness Account of Operation Redwing and the Lost Heroes of SEAL Team 10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

expresivos». Y luego: �Hay un día en que todo muchacho escribe sus versos y su novela, mostrando muy temprano su tendencia vocacional que expanderá en una carrera literaria o destruirá para reconstruirse sobre nuevas bases si está en la actitud contemporánea que estudiamos». En el libro, Cortázar propone destruir las formas tradicionales de la literatura. Y dice: �Esta agresión contra el lenguaje literario (…) tiene la característica propia del túnel; destruye para construir». La argumentación

comentario de Morir es nacer, de Werner Bock, publicado en 1947 por editorial Americalee. Y una reseña de La náusea, de Sartre, en la que escribió: �No se tardará en advertir la maestría de Jean-Paul Sartre en el manejo de una narración que comporta incesantemente las más sutiles intuiciones, los descensos más abisales al centro de esa revelación que constituye el martirio y la exaltación de Antoine Roquentin: el hallazgo del existir como pura contingencia, como absurdo al cual se debe dar —si se

porque pasan la mayor parte del tiempo en el centro. El estadio Luna Park, Plaza de Mayo, los cafés de la zona céntrica, Plaza Colón. Las calles Florida, Cangallo, Sarmiento, Alsina. En su libro Julio Cortázar: mundos y modos (Edhasa, 2004), el ensayista Saúl Yurkievich escribió: �Palpable, visible, audible, olible, omnipresente o sea omnirrepresentada por su geografía (calles, zonas frecuentadas, sitios característicos, cantidad de cafés), hábitat y habitantes, sus usos y costumbres, su

anteriores, lo acompañaba su esposa, Aurora Bernárdez. En una carta a la escritora mexicana Amparo Dávila, horas antes de salir desde París, escribió: �Terminé una larguísima novela, de la que quizá algo te hablé, y ahora me la llevo para “trabajarla” en Buenos Aires a la hora en que los demás duermen la siesta». Cortázar, en efecto, usó parte del tiempo en Buenos Aires para revisar Rayuela. Y salió muy poco de la casa de su madre. Se vio con poca gente, fue al cine a ver la película Alias

divertido, y nos reímos mucho. Fue muy familiar. Una comida muy entretenida, y no se habló de nada que tuviera que ver con la literatura, o lo cultural. En el almuerzo yo me acuerdo que le dije que un día en París yo lo había visto en el subte, sentado. Una mañana yo me subo al subte y Cortázar está sentado ahí. Es un personaje muy difícil de no ubicar. Y que me había dado una vergüenza espantosa, y que no me había acercado a saludarlo ni nada. El pudor pudo más, porque él era como el ídolo de mi

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