El naranjo

El naranjo

Carlos Fuentes

Language:

Pages: 141

ISBN: B019L594VK

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub

El naranjo

Carlos Fuentes

Language:

Pages: 141

ISBN: B019L594VK

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


En
El naranjo
, Carlos Fuentes juega con diversos mitos -el conquistador conquistado, la atemporalidad de la historia- y recorre las obsesiones típicas de su literatura.

El árbol del naranjo, así, no sólo es el hilo conductor de los cinco relatos o novelas breves que conforman este volumen, sino una síntesis de la obra de Fuentes y el libro con el que se cierra el ciclo narrativo "La edad del tiempo".

Cinco relatos donde Martín II, hijo de Cortés con Malinche, intercambia juicios sobre su padre y su madre con su hermano Martín I; Polibio de Megalópolis reflexiona sobre Escipión Emiliano; un galán de Hollywood, visita un prostíbulo de enanas en Acapulco; y un marinero genovés cuenta mentiras sobre el Nuevo Mundo. Caen los templos, las insignias, los trofeos. Caen los mismísimos dioses. Y con sus restos humeantes se reinventa el orden mientras las semillas de un árbol emblemático vuelven a cruzar el mar.

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desde entonces en fortalecer esta misión y en devolverle a nuestra tierra española de origen el tiempo, la belleza, el candor y la humanidad que encontramos entre estos indios… Pues la palabra era, al cabo, el poder gemelo que compartían los dioses y los hombres. Supimos que la caída de los imperios liberaba a la palabra y a los hombres de una servidumbre falsificada. Pobres, limpios, dueños de sus palabras, los mayas podían renovar sus vidas y las del mundo entero, más allá del mar… En el lugar

esmero y paciencia, y me enfrento a una humanidad sin amparo, en la que las circunstancias ni distinguen ni respetan a nadie. Por eso disfruté tanto ser dirigido por Leonello Padovani. En mi papel, encontré el justo equilibrio, la calidad exacta entre este desamparo mexicano que tanto temo y la excesiva protección norteamericana que tanto desprecio. Era posible ser uno con los demás, un yo con sus nosotros. Eso supe entonces y no quiero perderlo. Cindy no lo entiende. Asocia el éxito con la

inglés a comer avena hasta que te pudras, cabrona. Otilia la secunda con energía. �Qué tal si nos agarran con el muertito? Todas al tambo, chavas. Nadie nos va a preguntar cómo sucedió la cosa. Nosotras somos culpables. Nacimos culpables, no se hagan pendejas. Crece un temible murmullo de aprobación. Dulces y Otilia me toman de los brazos y Nicha acude a ayudarlas, tomándome de los tobillos. Se les une Soledad, para apresurar la operación. Siento la espuma de las olas acariciándome los

conflicto del brillo, vestido de manera extraña, con una maletita negra en la mano y zapatos de piel de cocodrilo. Hace una reverencia, sube a un batel rugiente desprendido de la nave voladora, y navega hacia mí. Nada me sorprende. Desde el principio desengañé a quienes en mí querían ver una especie de marinero hablantín e iletrado. Dios me dio espíritu de inteligencia y en la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y así de geometría y aritmética; e ingenio en el

tenemos planta o equipos, lo alquilamos todo, nada más. Y cuando los periodistas le hagan preguntas sobre el verdadero dueño de Paraíso Inc., usted nomás diga: Nadie. Todos. Espíritu de equipo, Cristóbal San, lealtad a la compañía, yoga en las mañanas, un valium cada noche… Nomura me hizo notar que lejos de ser un lugar cerrado, Paraíso Inc. estaba abierto a todas las naciones. Es cierto: vi con añoranza las viejas banderas que un día dejé atrás en las naves del aire que iban llegando con el

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