Soy Zlatan Ibrahimovic

Soy Zlatan Ibrahimovic

David Lagercrantz, Zlatan Ibrahimović

Language:

Pages: 241

ISBN: 8415242964

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub

Soy Zlatan Ibrahimovic

David Lagercrantz, Zlatan Ibrahimović

Language:

Pages: 241

ISBN: 8415242964

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Esta autobiografía es una espectacular visión de la vida de un genio desde las entrañas de una gran estrella mundial.

Temerario, ostentoso, desequilibrado, no importa cómo le llamen, Ibra es una de las grandes estrellas mundiales del fútbol que ha jugado en la mayoría de los grandes equipos de elite internacional.

Yo soy Zlatan Ibrahimovic es la historia del futbolista conocido en el mundo entero como Ibra. La historia desde adentro de su conflictiva infancia en los barrios peligrosos de Malmö, Suecia, y su lucha en contra de todas las probabilidades de éxito que le rodearon. En esta autobiografía encontrarán su trayectoria, sus escándalos y su relación con otras estrellas mundiales como Ronaldo, Ronaldinho, Vieira y Lionel Messi.
Con sus propias palabras, Ibra nos cuenta su etapa en el Malmö FF, sus conflictos durante su etapa en el Ajax, su traspaso a la Juventus, el gran éxito cosechado en Italia, pero también los escándalos que casi terminan con su carrera profesional. Conoceremos también sus triunfos en el Inter de Milán, su relación con Mourinho y un recuento de sus goles más famosos e importantes.

«Tremenda... Mucho más que las típicas Memorias de un deportista. La historia de crecimiento personal de un hijo de inmigrantes en Suecia. Ibra no se deja nada cuando vierte sus opiniones de los nombres más importantes del fútbol mundial.» Sports Illustrated

«Repleto de talento. Repleto de historias. Soy Zlatan Ibrahimovic es un bombazo.» The New York Times

Y por primera vez en la historia, lo que realmente sucedió entre Ibra y Pep Guardiola en el F.C. Barcelona

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Estaba muy serio. Como de costumbre, no se sentó. Se quedó en la línea de banda atento al juego, como un general en un campo de batalla; los espectadores le cantaron varias veces: «¡Siéntate, Mourinho!». Él no paraba de mover los brazos y de pedir que subieran a ayudarme. Estaba solo en la delantera, me estaban haciendo un férreo marcaje; demasiadas cosas dependían de mí. Esa situación se había repetido durante toda la temporada. Mourinho utilizaba un cuatro-cinco-uno, conmigo en la delantera. Mi

logotipos de Adidas o Nike. Creía que era lo más enrollado y siempre iba igual. De lo que no me había dado cuenta era de que aquello era como llevar escrito el nombre de Rosengård. Era como una valla publicitaria. Como si aquella profesora de refuerzo todavía fuera mi sombra. En Borgarskolan, los chicos llevaban jerséis Ralph Lauren, botas Timberland y camisas con cuello. ¡Imaginaos! Apenas había visto a chicos con camisas con botones y cuello; me di cuenta inmediatamente de que tenía que tomar

era una cantidad adecuada y pregunté. —¿Está bien? —Está más que bien —contestó Hasse—. Es cuatro veces lo que ganas ahora. «Ok —pensé—, seguro que tiene razón. Imagino que es un montón de dinero», pero noté que estaba muy tenso. —Fírmalo —le pedí. —¡Estupendo, Zlatan! ¡Felicidades! —Dijo que iba a negociar algo más y salió. Cuando volvió, sonreía orgulloso, como si hubiera cerrado el trato más importante de su vida. —Van a añadir un nuevo Mercedes. Lo pagarán ellos —comentó. Aquello me

él. «¡Tienes miedo a los abuelos! ¡Te asustan hasta los putos fantasmas!», berreé. En el campo había un montón de balones y empecé a darles patadas, bum, bum, bum. Salieron disparados como misiles hacia los coches que había aparcados fuera, las alarmas y bocinas se dispararon; todo se paralizó mientras yo me encaraba contra todos con una feroz actitud barriobajera y mis compañeros me lanzaban miradas asesinas. Micke intentó calmarme y le grité: «¿Quién te crees que eres, mi madre?». Estaba

una lección. Más adelante se lo expliqué: «Podéis venir siempre que queráis e intentaré organizarlo todo, pero, una vez que estéis allí, tendréis que solucionar los problemas por vuestra cuenta y cuidar de vosotros mismos». Regresé a Turín, pero ya no me sentía como en casa. Se había convertido en una ciudad que tenía que abandonar. Además, el ambiente en el club no había mejorado. Se había producido otro desastre. Gianluca Pessotto fue uno de los defensas del equipo desde 1995. Lo había

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