Tiempos ridículos

Tiempos ridículos

Javier Marías

Language: Spanish

Pages: 297

ISBN: B00CQA1S0I

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub

Tiempos ridículos

Javier Marías

Language: Spanish

Pages: 297

ISBN: B00CQA1S0I

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Con las noventa y seis columnas de este volumen, aparecidas en El País Semanal entre febrero de 2011 y febrero de 2013, Javier Marías cumple diez años de colaboración dominical en este medio.

Durante este tiempo se ha convertido en alguien fundamental para infinidad de lectores, que aguardan con impaciencia su dosis semanal de valentía, originalidad, argumentaciones sólidas, sentido del humor y excelente prosa. El periodo aquí cubierto es el de la actual crisis económica y política, por lo que su tono es quizá más amargo que en otras ocasiones.

Pero en sus artículos también hay lo que el autor llama «treguas», de modo que el lector encontrará piezas emotivas o divertidas y siempre agudas: sobre la muerte de su tío, el músico Odón Alonso, o el caso Strauss-Kahn, o la nueva Ortografía de la RAE, sobre cómo Mourinho lo ha llevado a ser menos madridista que nunca, o los premios literarios, o sus peripecias en una adusta librería de Viena, o los héroes de los tebeos de su infancia, o la conmovedora carta de un lector...

Sin duda Tiempos ridículos enviará a la papelera muchos recortes, porque eso es lo que muchos lectores hacen con las columnas de Javier Marías: las recortan y las guardan, para darse ánimos al releerlas y renovar el placer.

«Sí, vivimos tiempos ridículos. Lo peor es que en España la mayoría de la gente se siente en ellos como pez en el agua.»

Javier Marías

Beyond News: The Future of Journalism

Losing the News: The Future of the News that Feeds Democracy (Institutions of American Democracy)

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Thinking Clearly: Cases in Journalistic Decision-Making

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

tomar el pelo a los lectores o espectadores, por colar hechos inverosímiles, por chapucero y por facilón. Pero ya he dicho en más de una ocasión que la realidad es muy mala novelista, y que no hay más remedio que tragarse sus incongruencias, sus increíbles y constantes casualidades, sus baraturas y sus ramplonerías. Ocurren y ya está. Eso sí, los escritores y cineastas deberían llevar buen cuidado a la hora de incorporar a sus ficciones historias reales, a lo cual, por cierto, son cada vez más

interroguemos. Pese a lo gentiles que son muchos lectores; pese a que no pocos me alienten a proseguir con estas columnas (y agradezco sobremanera esas palabras de ánimo), al cabo de diez años he de confesar que la sensación predominante es de inutilidad, para quien las escribe. Grosso modo, uno intenta llamar la atención sobre lo que le parece mal, injusto, indecente, de nuestra sociedad, y argumentarlo. Si se molesta en ello, es porque guarda un fondo de ingenuidad y vago optimismo, es decir,

estrellas juveniles Miley Cyrus, Selena Gómez y Vanessa Hudgens; fotos que, por supuesto, habían pasado al instante a circular profusamente por Internet. Queda como leve incógnita por qué tantas de estas jóvenes famosas posan totalmente en cueros y llevan esas imágenes en sus móviles (es de suponer que para enseñarlas o enviarlas a amistades escogidas, pudiéndose admirar con parsimonia a diario en el espejo), pero si a un pirata le es tan fácil acceder a los contenidos de éstos y distribuirlos a

apresurado a negar toda intención política en el proceso y en el fallo, y de hecho los han presentado como un triunfo de las libertades en el marco de un dictamen imparcial y en todo atenido a derecho. Evidentemente, uno no puede juzgar intenciones —que están en el ánimo de cada cual— ni menos aún entrar en tecnicismos, al ser profano en leyes. Pero algo muy raro pasa, si se piensa que Garzón está sometido a otros dos procesos, casi simultáneamente, uno de ellos por haberse declarado competente

el día de su nacimiento, con toda probabilidad. Pero a los gobernantes se los llega a odiar también —tal vez más— por los daños pequeños y gratuitos. El PP no se da cuenta de cuántas personas tienen una existencia tan limitada y modesta que para ellas es de suma importancia la televisión, y en particular la estatal, que consideran propia, con razón. Entre los aciertos de Zapatero estuvo el de convertirla en algo más que decente. Su director había de ser elegido por dos tercios del Parlamento, es

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